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La segunda vuelta a la luz de las cifras

Por: Raúl A. Wiener

El primer informe de la ONPE, el 9 de abril fue responsables de la falsa impresión de que Lourdes Flores era la que pasaba a segunda vuelta lo que condujo a una incetidumbre de varias semanas. Más aún, con esos mismos datos Humala aparecía con el 29% de los votos apenas tres puntos por encima de su rival más cercano, lo que movió a que algunos titulares del día siguiente dijeran que se trataba de una victoria de Pirro, y que Ollanta sufriría el mismo fenómeno de estancamiento que se produjo con Vargas Llosa en la segunda vuelta del año 90.

En esta segunda vuelta se ha repetido, sin embargo, la faena confusionista, con una dosis adicional de dramatismo, porque a la señora Magdalena Chu, Jefe de la ONPE, se le ocurrió entregar su primer informe al 77% empezando por dictar cada una de las cifras departamentales, creando un artificial suspenso sobre el dato nacional. Nadie percibió, por ello, el detalle de que mientras muchos departamentos que ya se sabía que iban a votar por Humala, estaban contados todavía por debajo del 30%, en Lima y Callao, los parciales estaban cercanos al 90%. Todo esto le permitió finalmente resumir sus cuadros en unos porcentajes que van a quedar para la historia 56.4% para García y 44.6% para Ollanta Humala, lo que inmediatamente se convirtió en noticia para el mundo, el APRA gana por casi 12%.

Pero, ¿qué ha tenido que ocurrir para que al agregar un 20% adicional de actas, la relación de votos entre los candidatos se modifique para que a estas alturas García tenga 52.6% y Humala 47.4%, con tendencia a que al final vayan a quedar en alrededor de 52 y 48%? En el primer informe el nacionalista estaba a casi seis puntos del 50% y el aprista a igual cantidad por encima de la meta de triunfo. Ahora los separa menos de 3%, lo que en votos es igual a 666,266 (cifras al 97.2%), cuando en el primer informe la brecha era de más de un millón de votos. ¿Se ha jugado con las emociones ciudadanas? No tendría nada de extraordinario en un proceso en el que todos los que se sienten parte del sistema, han creído que su deber era defenderse del “antisistema”, con cualquier arma a su alcance.

Una de esas armas puede ser la lectura manipulada del resultado del 4 de junio. En vez de soprendernos que un partido de ocho meses de existencia, con un candidato sin pedigree político, sin aliados visibles, sin apoyo de ningún medio de prensa escrita, y mucho menos de radio o televisión, a contracorriente de los consensos políticos e ideológicos de estos años, haya conquistado a la mitad del país, toda la sierra, la selva y la costa sur, tenga el respaldo compacto del área rural, los barrios populares de las ciudades, etc.; debemos más bien decir: qué bárbaro, que el APRA y García, con 80 años de historia, la única organización política nacional, respaldado por todos los partidos, los medios y los gremios de la gran empresa, el establishment intelectual, haya logrado el triunfo que todos daban por descontado. No era que había ganado el debate, que iba 20 puntos en las encuestas, que Humala estaba constreñido a su voto inicial, que nadie quería votar por Abugattas y Siomi Lerner, que la cosa era entre el Perú y Chávez, entre la paz y la violencia. ¿Dónde está la hazaña?,

Pero tal vez con una mirada más cercana a los datos de la votación podamos alcanzar una apreciación más ajustada a lo que ha ocurrido:

(a) En la primera vuelta del 9 de abril, Ollanta Humala recogió 3,758,258 votos, mientras que Alan García llegó a 2,985,858. La diferencia entre ambos fue de 762,400 a favor de la olla. Los cuatro partidos que seguían en votación –y que en segunda vuelta apostaron más o menos obviamente al APRA, o, si se quiere, a que no gane Humala-, Unidad Nacional, Alianza para el Futuro, Frente de Centro, Restauración Nacional, sumaron 5,119,420 votos. Los votos blancos de esa elección fueron 1,737,045, equivalente al 11.9% del total y los viciados llegaron a 619,573, que significaba un 4.2% de los votos emitidos. Acudieron a votar 14, 632,003 personas, sobre un padrón de 16,494,906 electores, que implicaba un ausentismo de 11.3%.

(b) En la segunda vuelta del 4 de junio, al 97.2% del cómputo, el APRA ha crecido hasta 6,795,584 y la UPP de Humala a 6,129,318. La diferencia entre uno y otro es, significativamente, menor que la que logró la olla sobre la estrella en la primera vuelta y probablemente termine situándose en alrededor de 600 mil votos. La ganancia electoral de García de una vuelta a otra es hasta ahora de 3,890,726 (127% adicional) y la de Humala de 2,371,060 (63%). Los votos blancos de segunda vuelta son 151,878, lo que representa 1,585,167 menos que en primera vuelta, es decir que disminuyeron en un impresionante 91%. Los viciados, por su parte, pasaron a ser 1,014,416, que representa el 7.2% de los votos emitidos, que implica que crecieron en 63%. El número de votantes llegó a 14,093,433, que indica una merma de 528,570 votos, y un ausentismo de 14.5%.

(c) Específicamente, en el departamento de Lima, la votación de Humala de primera vuelta fue de 1,070,582, mientras que la de García fue de 996,645. Los cuatro partidos que siguieron en orden de resultados sumaron 2,311,911 votos, más que los dos ganadores juntos. En segunda vuelta, en Lima, García crece hasta 2,806,988 votos, con un salto de 1,810,343 adicionales, que son casi la mitad del total de sus nuevos votos. Humala avanza hasta 1,722,123 votos, que equivalen a un aumento de 651,541 votos. La diferencia que Ollanta Humala tenía sobre García en Lima en primera vuelta, era de apenas 73,937 votos, mientras que en segunda vuelta esta relación se invierte a favor de la estrella en 1,084,867, que son 418 mil, más que la diferencia entre ambos candidatos en el cómputo nacional. Si se excluyera Lima del conteo, Humala habría ganado por ese margen la elección nacional.

(d) ¿De dónde salen los votos adicionales de García? Evidentemente hay una enorme cantidad que viene de los cuatro partidos que han votado vergonzantemente por él en segunda vuelta. El total de votos agregados por García el 4 de junio, equivalen al 76% de la suma de lo recibido por esos cuatro partidos en primera vuelta y es razonable pensar que el 24% adicional se ubique dentro del voto viciado que aumenta sin llegar a ser explosivo, y del ausentismo con el que sucede casi los mismo. Tal vez, sólo una fracción pequeña haya ido a Ollanta Humala, como expresión de antialanismo. La lógica de "mal menor" es notoria en la estrella, y es lo que permite a Lourdes Flores advertir que ha "prestado", una porción clave de votación que ha decidido el resultado y que por más que en las calles resuene de nuevo "el APRA nunca muere", García no debe olvidar quién le dio el pulmón artificial para asegurar su sobrevivencia. La importancia de Lima en el recuento final, ratifica esta conclusión, por cuanto en esta plaza García había llegado tercero el 9 de abril, y ahora decide su triunfo en este escenario. Sin Unidad Nacional el balance de la votación sería enteramente diferente. Esto ciertamente compromete a los dos partidos que importa si una vez el uno le dijo candidata de los ricos a su lideresa, y el otro lo acusó de fraude en primera vuelta.

(e) ¿De dónde llegan entonces los votos de Humala? Siendo un "inendosable", para los partidos del sistema, y aún para los sectores más light de la izquierda que no consideraron suficientes las coincidencias de programa para dignarle su voto, Ollanta debe haber picoteado votantes casi clandestinos y sin duda minoritarios de otras fuerzas, pero a diferencia del caso Vargas Llosa, su salto de segunda vuelta es realmente sorprendente (63%, como se ha anotado más arriba). Para que casi logre el milagro de ganar a todos, lo que ha pasado es que tanto en primera como en segunda vuelta el vilipendiado comandante ha sido expresión de la gente extrapartido, o si se quiere de quienes están dando forma a una nuevo partido que viene de fuera de lo existente. Esto se puede ver de manera notable en la manera como el fuerte voto en blanco de primera vuelta, se termina de pasar al nacionalismo. Veamos algunos ejemplos que corresponden a varios de los departamentos en los que ganó Humala en ambas vueltas:

- Ayacucho: 20.9% de blancos en primera vuelta, 1.5% en segunda vuelta. Ollanta Humala 83.4% de los votos válidos en segunda vuelta.
- Huancavelica: 24.0% de blancos en primera vuelta; 2.3% en segunda vuelta. Ollanta 76.4% de los votos válidos en segunda vuelta.
- Apurímac: 20.9% de blancos en primera vuelta; 2.3% en segunda vuelta. Ollanta Humala 73.8% de los votos válidos en segunda vuelta.
- Cusco: 15.2% de votos en blanco en primera vuelta; 1.2% en segunda vuelta. Ollanta Humala 73% de los votos válidos en segunda vuelta.
- Puno: 15.2% de votos en blanco en primera vuelta; 1.0% en segunda vuelta. Ollanta Humala 69.6% de votos válidos en segunda vuelta.
- Cajamarca: 20.6% de votos blancos en primera vuelta; 2.2% en segunda vuelta. Ollanta Humala 52.3% de votos válidos en segunda vuelta
- Junín: 13.8% de votos blancos en primera vuelta; 1.0% en segunda vuelta. Ollanta Humala 62.7% de votos válidos en segunda vuelta.
- Loreto: 13.7% de votos blancos en primera vuelta; 1.1% en segunda vuelta. Ollanta Humala: 52.8% en segunda vuelta

La conclusión que se extrae salta a los ojos. Hubo un cambio de los votos blancos a votos válidos, de una vuelta a otra, de manera masiva. Y esto ocurrió principalmente en los que ya eran bastiones ollantista, departamentos más bien pobres y de fuerte población rural, lo que amplio su victoria. De esto se deduce que el voto en blanco inicial venía ser una especie de actitud previa a una definición, que se resuelve a favor de Humala. Probablemente haya ocurrido antes lo mismo, con muchos de los votos del nacionalista: primero duda y después determinación. Lo que indica una cosa fundamental: estos votos son mucho menos prestados que los de su adversario, son duros, pensados y masivos. Mucho más que de los sectores que se consideran a sí mismos como "instruidos", pero que optan por votar por lo que odian, haciéndose los graciosos con el argumento que se tapan la nariz, toman gravol o algún purgante. La fuerza de la decisión de la gente de los departamentos pobres y postergados, es tan contundente, que sólo un avestruz puede esconder la cabeza en cualquier pretexto para no ver lo que está pasando.

(f) En Lima se registra un fenómeno especial: el voto viciado pasa entre primera y segunda vuelta de 2.8% a 7.3%, que en número son 360 mil votos que no se fueron a ninguno de los dos finalistas. Esta cantidad es más de la mitad del voto viciado nacional y probablemente el elemento más representativo del núcleo de resistencia que no quería nada con ninguno de los candidatos. No se ve, por ningún lado, vasos comunicantes entre el alto voto en blanco de las provincias en primera vuelta, y el menos significativo pero concentrado voto viciado de Lima, en segunda vuelta. Uno y otro responden a diferentes consideraciones. Es indudable que el voto viciado como actitud, supuestamente higiénica, en la votación final, ha sido derrotado inapelablemente, de un lado por el voto del miedo escondido en el voto por el que me da asco, y en el voto de firmeza de Ollanta Humala.

Lecciones

Entre la foto trucada del primer momento de la votación, que abarca todo lo que pasó entre el momento de los flash a boca de urna de las 4 de la tarde hasta el primer informe de la ONPE, y la realidad que va dibujando el cómputo al detalle, hay importantísimas diferencias y aprendizajes sumamente valiosos. Aquí hemos entregado algunos elementos.

Hay otras lecciones que están más allá de las estadísticas: digamos por ejemplo, que contra lo que pretende Alan García, el Perú del 2006, no se ha expresado en dos bloques compactos: moderno y tradicional; satisfecho y molesto; norte-Lima, versus sur. Va mucho más allá de eso. Lo que se llama "moderno", está fracturado en dos, con enormes desconfianzas y rivalidades en su seno, aunque celebren por ahora haberle cerrado el paso a su adversario principal.

Y no es sólo un asunto político. Hay un trasfondo socio-político aquí en claro juego:

(a) La derecha de Lourdes Flores, lidera a la parte del país que se siente parte del actual crecimiento y de la opción exportadora que se impone sobre el resto. Son lo que no quieren que cambie la regla, que dicen que hay que darle un poco más a lo social, siempre que no toque sus beneficios. Tienen su fortaleza en Lima. Y son los que ven como amenaza los cambios políticos que están aconteciendo en el plano continental.

(b) El APRA de García, que es la encarnación política de esa parte de la sociedad que siente que está participando insuficientemente del modelo y que exige que la regla se ensanche para tener también una cuota del beneficio. Territorialmente se localizan en la costa norte y en el sur medio (Ica), que son los departamentos en dinámica exportadora, que sin embargo no están pagando lo que deben a los trabajadores, ni remunerando a los pequeños proveedores y comerciantes en el circuito de la exportación, ni financiando adecuadamente los gobiernos regionales y municipales, donde se ubica el funcionariado aprista. Una vez en el gobierno, el APRA tiene que responder por esto, pero al mismo tiempo por su nuevo compromiso con la derecha política y económica, y ahí van a empezar los problemas;

(c) Finalmente, están los que sienten que no tienen lugar en el actual crecimiento, en sus ganancias y en sus decisiones. Humala ha venido a tomar sus banderas, no sé con cuanta conciencia inicial, pero sin duda ha ido comprendiendo que el lenguaje rudo con los otros sectores es el que mejor representa el estado de ánimo de esta gente. Lo que busca este sector son reglas totalmente distintas. Este es el gran cambio respecto a la época de Fujimori cuando se les podía contentar con asistencialismo y pequeñas obras de prestigio local. Territorialmente están muy fuertes en 15 departamentos ganados en primera y segunda vuelta; un poco menos en otros tres (Pasco, Tumbes, Ucayali) en los que se triunfó el 9 de abril pero no se repitió el 4 de junio y aún en algunos lugares donde hay fuerte disputa como es el ejemplo de Ancash. Comprende más de dos tercios de la superficie del país y casi la mitad de los peruanos. Esta elección podría significar el nacimiento del partido de los descontentos que levanta una olla.

Esquemáticamente podemos decir que la derecha, que aseguraba el continuismo, perdió la batalla por ser gobierno. Pero en revancha ha dado su apoyo, a través de sus principales voceros que son los grandes medios de comunicación, al candidato del segundo sector, para que cierre el paso al tercero. Todo lo que viene ahora es saber cómo maneja García la relación con los suyos, con sus aliados de la elección y con los perdedores que sin embargo han sido la principal preocupación de la campaña, y lo van a seguir siendo si se quiere alcanzar algún grado de estabilidad para los siguientes años.

No se ve por donde la coyuntura que se dibujó con las elecciones, pueda declararse terminada con la votación del 4 de junio. Al contrario esto más bien parece el comienzo de cosas aún más importantes. Antes de demostrar que puede hacer un gobierno mejor que la primera vez, lo que no debería ser muy difícil, dado el desastre pasado, y de cumplir su promesa de "superar a Chile", García debe confirmar que puede crear una sistema político viable, de cara a los resultados electorales, a un parlamento sin mayoría, a una derecha suspicaz, a una presión social de los demonios para que cumpla con sus electores y para no ser desbordado por los perdedores. Tiene elecciones municipales y regionales muy cerca y una obligación de ganarlas, pero si lo hace con los métodos de su anterior gobierno, que son los usuales de su partido, se meterá en un disparadero político.

También falta saber qué hará Humala. Si afirma su proyecto para las elecciones regionales y municipales y se pone al frente de una oposición parlamentaria y popular. Sus primeras palabras del 4 de junio hablan de una transformación que debe empezar ahora, lo que suena a desafío político al nuevo gobierno, para qué de pasos por ejemplo como la restitución de la constitución de 1979, que podría hacerse con votos apristas y humalistas en el primer día de la instalación del Congreso, u otros puntos claves como revisión de contratos, eliminación de los services, desafiliación libre de las AFP, implementación de las reparaciones de la CVR, etc.; y de un frente con las organizaciones sociales, los nacionalistas e izquierdistas que parece apuntar a una gran organización. ¿Lo conseguirá? Vaya uno a saberlo.

Lo que sí es absolutamente cierto es que lo que ha pasado este 4 de junio y lo que ha sido el proceso en sus dos vueltas, son hechos marcados en la historia. Y hay que hacer un sincero y honesto esfuerzo por entenderlos cabalmente.

06.06.06

 
 



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