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ESCRITOR PERUANO
Mario Guevara y sus “Sieteculebras”
Por: Luis Beiro
Mario Guevara de espaldas a la callejuela "Siete
culebras" en el Centro Histórico del Cusco. Los muros de ingreso
a la callejuela son incas, y en ella se encuentran siete culebras talladas
en las piedras, por eso el nombre de la calle.
SANTO DOMINGO.- Mario Guevara Paredes es un escritor peruano que llegó
a la República Dominicana de manos del pintor John Padovanni. Y
lo hizo como los grandes: no en persona, sino a través de su trabajo,
la revista literaria “Sieteculebras” una de las publicaciones
independientes que se realiza fuera de la capital, Lima. Con 16 años
de fundada, “Sieteculebras” es un proyecto cultural nacido
en la histórica ciudad del Cusco. Un día de 1998, Padovanni
me mostró un ejemplar de la revista que reproducía un artículo
de historia de nuestro país, firmado por Juan Daniel Balcácer.
A partir de esa fecha, Mario ha reproducido en su revista textos de autores
dominicanos. Y, hoy por hoy, es uno de los quijotes de la gestión
cultural que nos quedan en América Latina.
- El 2007 ha sido declarado en República Dominicana (por
decreto presidencial) Año del Libro y la Lectura. Imagínese
que tal designación hubiera ocurrido en Perú. ¿Qué
usted considera tendrían que hacer las autoridades peruanas para
garantizar que tal nominación fuera efectiva tanto para escritores
como lectores, libreros, imprentas, vendedores y transnacionales del libro?
- Para que fuera efectiva tal designación las autoridades tendrían
que concientizar a la población sobre la importancia que tiene
la lectura en el desarrollo de una sociedad. Para ello, se debería
coordinar con los medios de comunicación, tanto radio, prensa y
televisión para que éstos difundan los alcances del Año
del Libro y la Lectura. Y por último, se tendría que elaborar
un presupuesto adecuado que garantice el cumplimiento de dichos objetivos.
- ¿Cuántas revistas culturales sobreviven hoy en Perú
y que nivel de circulación y distribución tienen las mismas?
- En Perú se publican muchas revistas pero pocas pasan del número
tres. En la capital (Lima) se encuentran la gran mayoría de ellas,
pero las más persistentes son las del interior del país.
La más antigua que circula es Alborada (1969), Chimbote; su director
fundador es Oscar Colchado; Hueso húmero (1978), Lima, dirigida
por Abelardo Oquendo y Mirko Lauer; La casa de cartón (1980), Lima,
dirigida por Sandro Chiri; Umbral (1987), Lima, dirigida por Alberto Benavides;
Sietevientos (1990), Piura, dirigida por Houdini Guerrero; Dedo Crítico
(1994), Lima, dirigida por Gabriel Espinoza; Apumarca (1997), Puno, dirigida
por Jorge Flores Áybar; Ajos y zafiros (1998), Lima, dirigida por
Alberto Valdivia; Arteidea (1999), Lima, dirigida por Luis Roncal. De
todas ellas, Hueso húmero es la que tiene mayor cantidad de números
editados, 48.
Por otro lado, existen revistas como Lhymen, Revista Peruana de Literatura,
Intermezo tropical, Atake lírico, Las sumas de voces, Lapsus, El
ornitorrinco, Pelícano, El pez de oro, Tinta expresa, Casa de citas,
etc., las cuales, sin lugar a dudas, llenarán el vacío cuando
alguna de las más antiguas dejen de editarse.
Ahora bien, el nivel de circulación de casi todas las revistas
mencionadas es local, pocas se difunden a nivel regional, y una que otra
a nivel nacional. La distribución es a través de librerías,
kioscos de venta de periódicos y entre amigos, de mano a mano.
- Puedes valorar la existencia de Sieteculebras y cómo
las has podido sacar adelante en todos estos años, sin cansarte
ni dejarte aplastar por la indiferencia generalizada hacia la cultura.
- A lo largo de estos dieciséis años Sieteculebras ha sufrido
diversos sobresaltos y varias veces estuvo a punto de dejar de salir,
pero la solidaridad de los amigos lo impidió. Como fue en la época
fujimorista, donde el mafioso de origen japonés tomó las
riendas del poder. Fueron años nefastos para la cultura peruana,
porque a Fujimori la cultura le importaba un carajo. La revista tuvo que
batallar, casi una década, contra la mediocridad reinante en los
entes encargados de difundir cultura.
A los siguientes gobiernos tampoco les importa la cultura, porque no es
un derecho fundamental ni constituye una prioridad en la agenda nacional
de desarrollo. Por ello, no tenemos un Ministerio de Cultura como existe
en otros países de Latinoamérica, y mucho menos una política
cultural acorde al momento en que vivimos.
- Cuándo, cómo y en que circunstancias surge Mario
Guevara como escritor. Cómo has podido sobrevivir a las tentaciones
de la literatura ligth?
- Para empezar soy autodidacta. Surjo como escritor el año 1986
cuando publico dos cuentos breves en Chavín; una revista limeña
que intentaba circular a nivel nacional, pero se quedó lamentablemente
en el tercer número. Luego vendría El desaparecido (1988);
un volumen de cuentos que escribí desde inicios de los ochenta.
Este libro tardo ocho años en completarse, dado que mi formación
como escritor fue muy difícil. Digo esto, porque mi ortografía
era pésima, mi gramática nula y no tenía noción
como narrar historias. En Cusco, no había talleres de literatura
y no conocía a escritores de mi localidad, con quienes compartir
mis inquietudes. Además, en la década de los setenta la
facultad de letras de la Universidad San Antonio Abad del Cusco, después
de casi trescientos años, había sido abolida por las “ilustradas”
autoridades de esa época, contando con el beneplácito de
Patria Roja, grupo político (de tendencia maoísta) enquistado
en el claustro, que propugnaba una universidad democrática y popular
al servicio del pueblo.
Ahora bien, no fui tentado por la literatura light gracias a mi formación
literaria que desde mi adolescencia fue básicamente de autores
clásicos, hacia los cuales siento veneración y asombro por
las cosas que escribieron. Además, entiendo que las modas son pasajeras
y que al final sólo queda la buena literatura.
- Tu obra como cuentista ha merecido atención internacional. Pudieras
brevemente referirte a ella.
- La verdad, no pensé que al escribir en 1989 el cuento “Cazador
de gringas” tuviera buena acogida por la crítica. La ciudad
donde radico, Cusco, es el destino preferido de miles de turistas que
vienen a conocer el patrimonio arqueológico que nos legaron nuestros
mayores, los incas. Es justamente, en este medio cosmopolita, donde hace
su aparición el “brichero”, que en buena cuenta es
un “andean lover”, y cuyo oficio es el trato amoroso (¿desinteresado?)
con turistas extranjeras. En “Cazador de gringas” narro las
aventuras y desventuras de un “brichero”. Era la primera vez
que en la literatura peruana aparecía un personaje de este tipo.
Después, en 1994, publico el libro Cazador de gringas & otros
cuentos, por lo cual el “brichero” se hizo conocido a nivel
nacional. Se hizo dos puestas diferentes de Teatro sobre el personaje.
Salió reportajes en la televisión hablando sobre las bondades
y maldades de los “bricheros”. Se hizo dos obras de teatro
sobre el personaje. También sirvió de guión de cine
para la película “bricherísimo”, que se filmó
en Cusco hace un par de años y que recién entrará
en cartelera. En resumen, Cazador de gringas & otros cuentos ya va
por su 5ta. edición. Además, el libro se ha traducido al
inglés, italiano, francés, alemán y hebreo.
Actualmente, el “brichero” se ha convertido en un peruanismo
y se define como el nativo que tiene trato amoroso con extranjeras. Me
olvidaba, también existen las “bricheras”, y éstas
son mayoría.
- ¿Piensas incursionar en la novela? ¿Qué
anuncias para el presente año como escritor?
- Cuando principio a escribir en los años ochenta, empiezo con
una novela que nunca concluí. Es la historia que escuche de boca
de mi padre, sobre un sangriento asesinato ocurrido en la selva en la
década de los cuarenta. Un crimen muy comentado aquella época
por la prensa. Mi padre fue artífice en la captura de los asesinos.
Por otra parte, te confieso que la novela llegará por su propio
peso, sólo es cuestión de tiempo y paciencia, porque este
género literario es de gran aliento.
En el presente año publicaré Usted, nuestra amante italiana,
conjunto de cuentos urbanos sobre la soledad y el desamor. Algunas de
estas historias están ambientadas en los años setenta, década
maravillosa donde fui adolescente, y que con frecuencia me escapaba del
colegio para irme a la matiné de los cines, y que hoy estos mismos,
para desventura mía, no existen más.
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