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LA MUJER Y LA POLÍTICA Es posible que hoy día, en forma simultánea a este acto, se estén realizando otros muchos en conmemoración al 8 de marzo. Mañana las celebraciones serán mayores y en muy diversos espacios. Se por ejemplo que en la Biblioteca Nacional se rendirá un merecido homenaje a Eloísa Arroyo, que en la Casona de San Marcos se recordará la notable trayectoria social y humana de Laura Caller, Adela Montesinos y Magda Portal. Igualmente las ONGs reunidas en “Canto a la Vida” marcharán por las calles de Lima celebrando el aniversario, lo mismo las compañeras del MNI y otras organizaciones sociales y populares. La CGTP, a través de la secretaría de la mujer, realizará un debate en el Congreso de la República. El reconocimiento del papel de la mujer en la sociedad es el común denominador de estas celebraciones, pero hay algo que los diferencia. En la mayor parte de los casos la celebración se circunscribe al aspecto de género y dentro de este en algunas oportunidades se tocan aspectos únicamente reivindicativos y en otras clasistas. Nosotros lo hacemos con una clara percepción de que la reivindicación plena de la mujer no puede limitarse a superar el estado de exclusión que ha sufrido a lo largo de la historia, con base en concepciones ideológicas que parten de la exclusión religiosa en casi todas las confesiones del mundo, donde el rol protagónico sólo corresponde al varón, tal vez porque la iconografía confiere al creador el sexo masculino. Para nosotros la conquista plena de nuestros derechos, tanto familiares como sociales, sólo es posible si entendemos que para liberar a la mujer y otros grupos excluidos, se precisa reformar la sociedad, transformarla de raíz y establecer un nuevo pacto social donde todos participemos sin distinción de clase y género. Algo que perjudica grandemente esta posibilidad es la falta de conciencia unitaria. La tradicional incapacidad de la izquierda para construir un proyecto unitario, respetando las naturales diferencias que deben existir en un proceso dinámico, se hace patente también entre las mujeres. La falta de unidad de la izquierda también se manifiesta en estas actividades que realizamos. Estamos tan desunidas que no somos capaces de celebrar conjuntamente nuestro día. No quisiera detenerme a explicar el origen del día
de la mujer y de Clara Zetkin o de las mujeres rusas y las obreras norteamericanas.
Tampoco voy a conversar sobre Micaela Bastidas, Flora Tristan, Zoila Aurora
Cáceres y una serie de paradigmas que han luchado por los derechos
de la mujer en el mundo y nuestro país en particular. Tampoco voy
a hablar sobre José Carlos Mariátegui, nuestro gran Amauta
que colocó el tema de la mujer en su justa dimensión. El
tema de la mujer es amplio y se puede tratar desde la perspectiva histórica,
las ciencias sociales y la política. Por ello sólo pretendo
limitar mi reflexión sobre el rol que nos corresponde a las mujeres,
aquí y ahora, en torno a un proyecto político trascendente
como es el Frente Popular. Sabemos, por ejemplo, que el TLC no es conveniente para nuestro país, que sólo beneficiará al mismo pequeño grupo que ha convertido nuestro país en una hacienda privada y que acumula su riqueza gracias a la explotación de las grandes masas de peruanos y peruanas excluidos. Cuando este TLC se instaure, si es que finalmente el pueblo lo permite, seremos las mujeres las más perjudicadas porque en la escala laboral se nos ha asignado el último escalón junto con los niños. Es sabido por todos que, en materia laboral, la relación matemática se rompe pues a igual trabajo no le corresponde necesariamente igual sueldo. Los varones, aún los de empleos precarizados, perciben un salario mayor al de las mujeres. El desempleo, el sub empleo y demás lacras sociales campean por doquier. Casi la mitad de la población vive en condición de pobreza y un índice muy alto, superado sólo por Haití en América Latina, sobrevive en condición de pobreza extrema. Mientras el gobierno se ufana de haber alcanzado record históricos en el Producto Bruto Interno —8 por ciento según unos y hasta un 9 por cierto según otros áulicos de la actual administración—, los índices de pobreza y exclusión social han subido. Es decir, el incremento histórico en el PBI ha beneficiado únicamente a las grandes corporaciones y a los parásitos que viven a su sombra. El problema de la pobreza y más aún el de la miseria no sólo genera tuberculosis sino falta de capacidad para aprender, analizar y razonar. Nuestros niños son las mayores víctimas y, por supuesto, el futuro de un estado que es incapaz de garantizar una adecuada dieta diaria de calcio, fósforo y proteínas básicas, para que nuestros futuros ciudadanos y ciudadanas desarrollen naturalmente sus funciones cerebrales, es incierto. El problema de la educación en nuestro país y su calidad tiene estrecha relación con la falta de trabajo, la mala alimentación y también con las condiciones de salud. Es evidente el deterioro de la salud pública, y nosotras como mujeres, como madres y hermanas, sabemos lo dramático de esta situación. Cuántas veces nos hemos visto obligadas a enfrentar las enfermedades de nuestro familiares con los escasos recursos de una economía en ruinas y enfrentando un sistema de salud de cobertura mínima y un sistema generalizado de atención que privilegia el lucro de la medicina privada, sobre el derecho de la población a integrar un sistema generalizado de salud pública. Bien sabemos que la salud en el Perú es un lujo que sólo pertenece a los estratos superiores de la sociedad. Estos problemas y muchos más como la contaminación ambiental, la falta de agua, la deforestación de nuestros bosques con el consiguiente desequilibrio y destrucción del ecosistema nos motiva a decir “presente” en la lucha general del pueblo. Esta convicción nos reúne y hace que digamos presente a una convocatoria como la actual. Nos reunimos, sí, pero con el declarado propósito de concurrir con todas nuestras energías y capacidades a la construcción de un estado y una sociedad diferentes. Nosotras las mujeres somos concientes de que aparte de los problemas que atañen a los peruanos y peruanas de modo general, tenemos problemas específicos como mujeres, ya que el sistema ha trabajado sobre las estructuras mentales de los varones y de las mujeres para convencernos de las bondades del machismo. Hay que señalar con énfasis que si el machismo existe y se desarrolla, es porque hay mujeres que aún están convencidas, tal vez sólo a medias o de modo vergonzante, de toda costumbre es ley y aceptan con resignación el rol que se les ha dado. Uno de estos roles relega a las mujeres a los trabajos hogareños y considera el trabajo en la calle como un complemento para la economía del hogar; es decir sólo si es necesario e imprescindible el aporte económico se permite el trabajo de la mujer fuera del hogar. Ello sin embargo no la exime de las tareas domésticas y, todavía más, el trabajo doméstico no es considerado siguiera trabajo. Las aquí reunidas tenemos diferentes especialidades, diferentes labores y tareas pero hay una que nos agrupa y es la básica: el deseo de cambio y la necesidad de lograr la equidad de género. Ello implica que participemos activamente en política, sin retaceos ni inhibiciones. La política es la ciencia que tiene que ver con el poder y las decisiones y nosotras debemos tomar el concepto sin temor y aceptar la responsabilidad de nuestro rol. Sólo no yerra el que nada hace como dice el dicho popular y, estoy seguro que si nos proponemos se hará realidad el verso de Miguel Hernández: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Pero ojo las decisiones tenemos que tomarlas meditadamente; debemos ser cuidadosas y no actuar por emotividad. Me asiste la más profunda convicción de que las mujeres somos racionales y lógicas y que tenemos, también, algunas ventajas de género. ¿Quién dirige la economía del hogar? En la mayoría de los casos la mujer es como una alquimista de feria. Hace milagros para que el magro salario se estire hasta el límite de la resistencia para que no falte en el hogar de los pobres el magro yantar. No nos dejemos bajar la autoestima y no aceptemos que nos manipulen por miedo a errar o a la sanción social. El Frente popular nos abre sus brazos. Allí podemos dialogar, analizar situaciones y también capacitarnos. Es necesaria la participación orgánica de todas. La historia nos ha demostrado que los anarcos y los francotiradores, en el mejor de los casos, son tontos útiles y no han contribuido siquiera a la reforma del sistema. Por eso compañeras yo les pido constituir el Frente Popular de Mujeres como una tarea inmediata con la plena convicción de que todas y cada una de nosotras somos importantes y que nuestras opiniones y aportes son necesarios. No hay que tener temor y hay que tener presente que para ser amadas, respetadas e incluidas debemos comenzar por querernos, respetarnos e incluirnos. Muchas Gracias. MENCIÓN DE RECONOCIMIENTO En el día de hoy 7 de marzo, las vísperas del Día Internacional de la Mujer, nos encontramos reunidas para celebrarnos, pero una de nosotros falta, una enfermedad la aqueja y la mantiene postrada en cama. Todas sabemos su nombre pero es justo y necesario mencionarlo: Anita, Ana Mariñez Álvarez nuestra querida luchadora dominicana. ¿Quién no recuerda las conferencias de Anita hablando sobre sus compatriotas las hermanas Mirabal?, o sus charlas y conversaciones sobre los diferentes problemas de la mujer. Anita te pedimos que luches y que venzas al mal, creemos que tú sabes y puedes hacerlo, no olvidamos que eres doctora y que algún subterfugio se te ocurrirá. Mientras tanto todos tus amigos y amigas, camaradas y colegas te damos un voto de aplauso y esperamos estar junto contigo las próximas vísperas para celebrar el Día Internacional de la Mujer, es decir tu día, nuestro día. Fraternal y revolucionariamente tus amigos, colegas y camaradas: Fuertes, muy fuertes aplausos. Firmas de todas y todos los presentes a la reunión.
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