Internacional

 

Profundizando en una realidad contradictoria
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Por Carlos Santiago (*)
Siendo cuidadosos y modestos en los objetivos, los errores se minimizan, especialmente cuando se tienen en claro los caminos a recorrer…

Dentro del triunfalismo habitual de algunos
regímenes, la crítica es acogida, en general,
como una ofensa, sino como el comienzo de
traición
Róger Garaudý

Siendo cuidadosos y modestos en los objetivos, los errores se minimizan, especialmente cuando se tienen en claro los caminos a recorrer, cuando las metas son trascendentes y esenciales e implican la necesidad de ponderadas acciones  que tiendan a modificar las bases de una sociedad, calificada hoy como de consumo o consumista , que objetivamente vive una degradación más que manifiesta en un derrumbe inexorable qué, si no se toman medidas para revertir sus impulsos, nos podrá llevar a problemas más que agudos a los que hoy nos desvelan.

El Frente Amplio,  cuando ha superado buena parte del segundo período de gobierno, muestra desorientaciones que indican, más allá de contar con algunos elementos programáticos comunes que sobrevuelan a todos sus integrantes. Claro está, objetivos qué se cumplen o no con relativa liviandad y que se entroncan a sustanciales contradicciones que dan cuenta de una realidad: la de una coalición que hoy tiende a acentuar objetivos esencialmente electorales, con lo que ello significa como elemento escasamente aglutinante.

Demasiados grupos encabezados por  líderes con cualidades menos que relativas que no condicen, en esos casos, con el lugar que se les asigna a los distintos grupos en la llamada Mesa Política del FA, organización que pese a la no lejana renovación de autoridades, no ha podido encaminar a ese organismo a decidir cosas esenciales, como por ejemplo, que tipo de sociedad se debe construir para, de alguna manera, solucionar la problemática que repetimos- puede llevarnos a todos como sociedad a vivir horas muy difíciles. El tema de la enseñanza es de una importancia esencial y, pese a ello, parecería que en el análisis del partido de gobierno no se visualizan todavía los caminos para salir del gravísimo atolladero que, obviamente, frustrará a buena parte de nuestra juventud y nos cuestionará, en el futuro, como país. Una enseñanza que tiene en su integración a organizaciones sindicales que son muy fuertes para reclamar mejoras salariales o laborales, pero más que débiles y negativas para impulsar el trabajo docente,  fundamental para la formación de nuestra juventud.

Pero además también estamos inmersos, en el difícil camino que recorremos, en la anomia imperante en sectores de la sociedad, que desprecian de manera cada vez más trágica las normas de convivencia común y básica para el sostenimiento en paz  y concordia de la vida en común. Y ello en el marco de la ignorancia, casi supina,  de que nos encontramos ante una situación cuasi terminal, de disolución social en algunos sectores, fenómeno de una gravedad inusitada. El sistema político y toda la sociedad  deberían tomar nota de las graves advertencias que se manifiestan cada día, antes de que los uruguayos dejen de reconocerse  a sí  mismos y empiecen a parecerse a lo peor de las sociedades más atrasadas del mundo. No hay bonanza económica que pueda tapar todo el tiempo esta miserable realidad.  Porque un día, simplemente, estallará.

Sin desdeñar analizar, como haremos oportunamente, lo que hoy se denomina la oposición política, sobre el oficialismo, el Frente Amplio, o la izquierda , como gustan denominar algunos al régimen imperante, decimos: demasiados sectores, muchos representantes en la Mesa Política, un organismo poco más que decorativo que, de alguna manera, intenta apuntalar las políticas gubernamentales en base a continuos apoyos declarativos, siempre a favor de la misma corriente. Sería bueno que algún lector nos recordara algún aporte positivo realizado por este organismo que religiosamente se reúne cada semana, más allá de los apoyos reiterados a todas las medidas propuestas y aprobadas por los distintos organismos del gobierno nacional y de los municipales.  Un organismo que ha sustituido a las llamadas bases políticas que otrora se expresaban con la fuerza creativa en los Comités de Base, que fueron reducidos al silencio y, en otro sentido,  con una singular pasividad burocrática relacionadas a las alternativas del poder interno dentro de la coalición de izquierda. ¿Cuándo la mesa política se ha adelantado a impedir acciones que se conviertan, a la corta o a la larga, en lastres políticos de un peso insoportable en la sociedad? ¿Cuándo ha dado su opinión sobre proyectos del Ejecutivo, tratando de orientar una acción política que determine superar carencias o errores?

Y además se da una imagen lamentable,  verificándose una metamorfosis en los partidos de raíz marxista, que han abandonado al propio marxismo como método de búsqueda dialéctica, abandonando llegar a la verdad por medio de la dialéctica que activa las contradicciones.  Hoy la metodología de llegar a las mejores soluciones, con basamento ideológico claro, ha sido sustituido por el instrumento de aplauso apologético, para intentar que se crea como la palabra de Dios a todos los lineazos que surjan desde las alturas del gobierno. Aunque estos, como ha ocurrido en infinidad de ocasiones, tienen en ocasiones carencias lindantes con el disparate.

La fuerza del ejemplo no aparece nunca. Ese elemento atrayente para mantener agrupada a la gente junto a las mismas banderas, es la demostración diaria de una actitud hacia la gestión gubernamental, buena,  seudo eficiente o deficiente, estimulada en todos los casos por una defensa, sin claudicación alguna ni ningún tipo de vacilación. Los mecanismos de la democracia debieran ser consolidantes en lo interno y la mejor defensa de cada medida,  en lo externo. El funcionamiento democrático debería ser la esencia en que se puede seguir sustentando la izquierda, siempre que esta tenga claro el objetivo de modificar aspectos de la sociedad, tarea en la que, claramente, está involucionando.

La mejor manera de atraer a la gente no consiste en exaltar un futuro sistema ideal y muy caro para la ideologización simbólica de los uruguayos, ese socialismo idealizado, callando paralelamente sus manifiestas taras, pasadas y presentes. Ni tampoco consolidando una democracia teórica o simbólica, que es el basamento esencial de cualquier sociedad justa. Y menos cuando se predica, como se hace hoy insistamos en verificar los caminos de nuestra política exterior una especie de utopía geográficamente situada , con la cual se mide con distinta vara situaciones a analizar con detenimiento y visión democrática, pasando por alto,  con oportunismo en la afinidad política, la barbarie medioeval de realidades que claramente, se preparan, para lanzarse a aventuras mesiánicas, declarando, en un delirio sin límites, que harán desaparecer del mapa a realidades ajenas y a estados que consideran enemigos.

Se trata de situar, entonces, la acción política no solo en un hecho con connotaciones electorales,  hablando y calibrando la fuerza electoral en base a posibles candidatos. Se trata para el Frente Amplio de estudiar y acordar que tipo de sociedad es necesaria para un país en que se contrapone el crecimiento económico con la decadencia social. Un país que mientras multiplica por más de cuatro el presupuesto educativo, logra los niveles más bajos de su historia en logros en este contexto. Las cifras del desastre están ahí y de ellas se pueden extraer las causas de buena parte de la problemática que está hoy consolidada  y que parece multiplicarse cada día.  Cifras que además, cuando se conocen, levantan críticas de algunos personajes del oficialismo, que prefieren, como método de trabajo, el ocultamiento sistemático de la realidad.

También aparecen otras expresiones sociales en un país que ha logrado, de manera importante, abatir la pobreza y la indigencia. Porque, es evidente, que no solo con una asignación mensual, más que menguada, se abate la pobreza. Se lo hace también con servicios adecuados a toda la población que, obviamente, no puede quedar desamparada si solo depende del dinero que la acerca el MIDES. Hace poco tiempo nos sorprendíamos por la situación que viven los ocupantes de un edificio, cercano al turístico Mercado del Puerto, en que antaño funcionaba el sindicato de estibadores. Allí más de una veintena de familias, muchas de ellas seguramente que han quebrado el ficticio límite de la pobreza en razón de la asignación del MIDES, conviven sobre una enorme piscina de excrementos sin que la IMM, atine a dar alguna solución a una situación que afecta a toda una zona de importancia de la ciudad. Los relatos aparecidos en la prensa diaria dan cuenta de la evidente carencia de reflejos de las autoridades, incapaces de lograr soluciones habitacionales para estas familias ni de combatir los problemas sanitarios que las afectaban. Ocupaciones que se extienden y mantienen por toda la ciudad, mostrando la peor cara de la marginalidad, en que dentro de un marco de suciedad y la total falta de servicios conviven familias con niños, marginales y para peor,  delincuentes, que utilizan esos lugares como aguantaderas . No olvidemos que también en cada uno de esos lugares, que se extienden por toda la ciudad, habitualmente funcionan bocas de pasta base. Es qué el tráfico ilícito de estupefaciente es la tarea más fácil de encontrar para sectores de la juventud sin otras capacidades. De nuevo surge aquí el descalabro de la educación que el Estado tiene la obligación de brindar a nuestra juventud.

El lector se preguntará qué políticas tienen los organismos oficiales, vinculados a la problemática. ¿Qué hacen el MIDES, la Intendencia de Montevideo, el Ministerio del Interior y otros? ¿Por qué la Mesa Política del FA, en lugar de analizar la próxima declaración apoyando la última medida del gobierno o aplaude a un candidato presidencial que compite en un país de la zona, no analiza estas problemáticas sociales e impulsa acciones concretas?

Hay otros temas en donde las situaciones se reiteran: Un ejemplo es la incapacidad policial para poner límites a la delincuencia que, por esa carencia, se multiplica. Es de destacar que esa incapacidad de tomar medidas oportunas por parte del Ministerio del Interior, está logrando deteriorar la imagen del país, asolado por robos, rapiñas y asesinatos. Sobre el punto, algunos gobernantes vinculados al área de la seguridad, han indicado que la responsabilidad de estas acciones delictivas es de las propias víctimas, que se descuidan. Otros, dentro del mayor infantilismo, se sonríen, y de alguna manera alientan a los delincuentes, porque las víctimas dicen son la contracara de una situación injusta y, por lo tanto, también responsables. ¿Cómo pueden convivir en un país moderno mentalidades de este porte?

Muchas cosas para analizar, otras para rever y otras más para situar al periodista en un marco de sorda polémica, para algunos, por informar, por ejemplo de declaraciones públicas, que sostienen que la abrumadora incapacidad de gestión de la IMM, se convierte en un factor que es contrario a los intereses de la clase obrera o algo parecido.